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Argentina vs Colombia

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Hablar de justicia en el deporte es siempre algo superfluo, entre otras cosas porque los cementerios están llenos de equipos que merecieron el triunfo sin alcanzarlo. De todos modos, hay algo de equilibrio cósmico en situaciones como la de esta noche en Viña del Mar.

Porque no era de recibo que Colombia estuviera en semifinales de la Copa América. Esta Colombia, no. La selección cafetera firmó un partido para el olvido en el que sólo ofreció la entrega que se le presupone a cualquier equipo en estas lides. El resto fue un despropósito mayúsculo con dos excepciones muy notables: Ospina Murillo.

El cancerbero del Arsenal fue un auténtico muro de carga que mantuvo con vida a los suyos mucho más de lo que la lógica dictaba, porque el dominio de la Albiceleste llegó a ser aplastante, sobre todo en una primera mitad de carril único que obligó a Pekerman a mover ficha con un cambio cuando sólo se llevaban 25 minutos de partido.

El otro héroe cafetero fue Jeison Murillo, un central al que pocos ponían cara hace sólo un año. Su gran temporada en el Granada le ha catapultado al Inter pero partidos como el de este viernes le confieren un estatus que sólo tienen los defensas más reputados del planeta. Veremos cómo evoluciona en la Serie A.

Argentina, decíamos, dominó el encuentro con una solvencia inusitada. Martino y sus muchachos sacaron ventaja de las bajas colombianas en la medular, sometiendo al rival a un acoso casi constante.

Visto así, no es de extrañar que las ocasiones se sucedieran con relativa frecuencia. Hasta once veces disparó Argentina a puerta sólo en este primer tiempo. Romero, mientras, miraba el partido desde la lontananza, como un espectador de lujo.

En ese carrusel de oportunidades, ninguna fue tan clara como la de Messi, que no logró batir a Ospina de cabeza cuando el meta cafetero parecía batido sobre el césped tras despejar con el pie un remate inicial del Kun.

La segunda parte no trajo nuevas noticias para Colombia, pero al menos el empuje argentino disminuyó en la misma medida que el cuerpo de Di María decía basta a tan generoso esfuerzo. El atacante del Manchester United fue el auténtico galvanizador del fútbol de la Albiceleste durante buena parte del encuentro, demostrando que sigue siendo un jugador desequilibrante cuando se siente a gusto.

Colombia empezó así a respirar e incluso se atrevió a sacar la patita de su área, convenciéndose, como así era, de que los argentinos también jugaban con portero. Eso sí, tampoco fue una reacción en toda regla. Apenas un cabezazo de Jackson Martínez a la salida de un córner que Romero atrapó sin excesivos problemas.

La cercanía del pitido final y la amenaza de los caprichosos penaltis dieron un último impulso a los jugadores argentinos, que sacaron fuerzas de flaqueza para poner de nuevo cerco a la meta defendida por Ospina.

Un disparo de Banega que se perdió lamiendo el travesaño dio paso a la mejor ocasión del encuentro, un remate de Otamendi se estrelló en el palo tras un desvío felino de Ospina cuando medio estadio cantaba ya el tanto.

Tévez pudo también evitar los penaltis aprovechando el único lunar de Ospina en el partido, pero un imperial Murillo corrigió bajo palos la mala salida de su compañero desviando in extremis el remate del nuevo delantero xeneize.

Parecía mentira, pero la falta de puntería de una selección que cuenta con gente como MessiAgüeroTévezLavezzi Higuaín condenaba a la Albiceleste a jugarse los cuartos desde los once metros.

Unos penaltis que quisieron prolongar la agonía argentina hasta lo grotesco, porque hicieron falta tres ‘match ball’ para doblegar a la combativa Colombia. Biglia Rojo fallaron tras sendos errores de Muriel Zúñiga, así que tuvo que ser Tévez el que pusiera las cosas en su sitio tras un nuevo disparo a las nubes de Murillo.

Argentina pasa con tanto sufrimiento como justicia, pero haría bien en afinar sus armas de cara a futuros envites. En cuanto a Colombia, se traicionó en esta Copa y acabó pagándolo. Ya no es la selección alegre que nos enamoró en el pasado Mundial. Esperamos, por su bien, que sólo se trate de un bache.


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